¿Los geckos que viven en su casa son peligrosos?

¿Los geckos que viven en su casa son peligrosos?

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¿Quién no ha visto un gecko en casa? Esas pequeñas lagartijas con ojos como de gato y que hacen un sonido muy particular. Son muy comunes en las casas, en los roperos, en los floreros, en las paredes, por todas partes. Sin embargo, se repite con frecuencia que son venenosos, que transmiten enfermedades e incluso que orinan una sustancia que lastima la piel. ¿Es verdad o es un mito? El biólogo Alejandro Solórzano nos revela todo lo que debemos saber sobre estos pequeños inquilinos.

Se mueven como relámpagos por los techos y paredes de casas, bodegas y todo tipo de construcción. ¿Los ha visto? Es raro que alguien no se haya pegado un susto en la casa al mover un cuadro, las cortinas o una caja y repentinamente uno de estos “bichitos” corra o salte despavorido al sorprenderlo.

Se han convertido en inquilinos habituales de la mayoría de los espacios urbanos. Hablamos de los geckos caseros, unas pequeñas lagartijas que se han adaptado a convivir y proliferar dentro del entorno humano y sus edificaciones.

Los geckos son un numeroso grupo de lagartijas que se encuentran en todas las regiones cálidas del planeta. Son pequeños y habitan comúnmente en árboles o en el suelo del bosque. Tienen la cabeza y los ojos grandes, con la pupila elíptica verticalmente, como los ojos de un gato. También pueden regenerar la cola si la pierden y tienen la capacidad de emitir sonidos que se escuchan como un chillido entrecortado.

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Este “canto”, que tiene una función tanto territorial como de cortejo, es ya un sonido cotidiano que delata su presencia fácilmente. Muchas especies poseen adaptaciones especiales en las patas que les permiten adherirse a superficies tan lisas como el vidrio y así movilizarse sin dificultad.

Los geckos se alimentan de todo tipo de invertebrados, en especial de insectos y arañas, y desde tiempos remotos la cultura popular de la región ha creado el mito de que son venenosos, y que pueden inyectar veneno al morder y también con la cola, o bien, que transmiten enfermedades.

Esto es completamente falso, pues son del todo inofensivos, sin embargo, es una creencia muy arraigada en numerosas comunidades de nuestro país, principalmente rurales. El temor generado por esta creencia puede ser tan extremo como el de una ama de casa en Guanacaste que hizo romper el piso de su casa para que buscaran a los geckos y los eliminaran, pues la señora vivía aterrorizada por la presencia constante de estas lagartijas. 

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Costó tanto convencerla de que no eran venenosas que ante una solicitud que se me hizo, tuve que dejarme morder por varios geckos enfrente de ella para que lograra creer que su vida y la de sus hijos no estaban en peligro.

En Costa Rica se encuentran alrededor de 16 especies de geckos (también llamados escorpiones a nivel local) con diferentes tipos de coloración, de las cuales cinco son originarias de Asia y el Indopacífico.

Estos geckos caseros aparecieron en Costa Rica en la década de los 90, posiblemente como pasajeros ilegales o polizones en barcos que transportaban productos comerciales de las regiones mencionadas, y desde entonces se han extendido ampliamente por el continente americano. Su éxito adaptativo está relacionado con su gran capacidad reproductiva, pues sus huevos se desarrollan en cualquier parte. Es común encontrarlos en mesas, ventanas, floreros, repisas, impresoras, libros, entre la ropa, etc.

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Como podemos ver, más que un peligro o un animal dañino, los geckos representan un aliado importante en nuestras casas, pues contribuyen activamente con el control de muchas otras especies que sí son perjudiciales para la salud tales como cucarachas, moscas, polillas, zancudos, etc. La clave está en comprender que esta fauna urbana es parte de nuestro entorno y que podemos convivir en armonía.

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