Janukáh, la fiesta judía que ilumina el fin de año

Janukáh, la fiesta judía que ilumina el fin de año

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La palabra hebrea Janukáh quiere decir Dedicación. Este es el nombre de una alegre festividad judía que se conoce también como la Fiesta de la Dedicación, la Fiesta de las Luminarias o el Festival de las Luces. Janukáh inicia el día 25 del mes hebreo llamado Kislev y dura ocho días. Esta fecha usualmente se presenta entre noviembre y diciembre del calendario convencional.

Los orígenes de esta festividad se remontan hacia el año 164 AEC, época en la que la tierra de Israel cayó en manos del Imperio de Grecia. Los griegos dominaron a los judíos prohibiéndoles adorar y servir a su D’os y los obligaron a rendir culto a los dioses griegos. También les prohibieron practicar sus tradiciones y estudiar la Toráh.

Sin embargo, a los griegos no les bastó esta opresión, entraron por la fuerza al lugar donde los israelitas ofrecían sacrificios y alabanzas a su D’os, al Sagrado Templo de Jerusalén. Quemaron las puertas, apagaron las luces de la menoráh (candelabro de siete brazos que debía estar encendido permanentemente por mandato del D’os de Israel), colocaron estatuas de ídolos paganos y en el lugar más sagrado del Templo, colocaron una estatua del dios Zeus. Después de esta gran profanación, el servicio del Templo cesó. Esta fue una época de mucho dolor y gran desesperanza para el pueblo de Israel.

Fue entonces cuando un israelita llamado Matatíah, sus hijos y otros hombres valientes del pueblo de Israel, se levantaron contra el imperio invasor dispuestos a luchar en defensa de su fe. Los hijos de Matatíah eran hombres fuertes como martillos, por esta razón fueron llamados Makavím (Heb: Martillos) conocidos en occidente como los Macabeos.

Esta guerra fue una lucha desigual ya que el ejército griego era mucho más fuerte y numeroso que el grupo de hombres israelitas liderado por los macabeos. Finalmente, de manera milagrosa, el pueblo judío triunfó. Los macabeos vencieron a los griegos y estos fueron expulsados de Jerusalén y de la tierra de Israel.

Terminada la batalla, los macabeos se dirigieron al Templo para restaurarlo y dedicarlo a su D’os nuevamente. Para esto era necesario encender la menoráh durante siete días seguidos. Al llegar al Templo se encontraron con el inconveniente de que no había suficiente aceite para encender la menoráh durante siete días. Solamente encontraron una medida de aceite puro que alcanzaba para el encendido de un sólo día. Sin embargo, los macabeos decidieron no esperar a la preparación de más aceite y en un acto de fe encendieron la menoráh y fue ahí cuando D’os hizo otro gran milagro. El aceite, que sólo alcanzaba para un día, se multiplicó y no sólo alcanzó para siete días, sino que duró uno más. Fue así como la menoráh brilló durante ocho días seguidos. Entonces los israelitas agradecieron a D’os y decidieron que seguirían celebrando ese día con gran fiesta, de generación en generación.

Hoy los judíos en todo el mundo celebran con mucha alegría esta fiesta de Janukáh para recordar los milagros que D’os hizo a sus antepasados en aquellos días. Las familias decoran sus casas y se reúnen con los amigos para compartir tradiciones, juegos, cantos, comidas típicas de la fiesta y para encender las velas de un candelabro de nueve brazos llamado Janukía. Con una de las velas se encienden las ocho restantes. La primera noche se enciende una vela, la segunda noche se encienden dos velas y así sucesivamente hasta que la octava vela se enciende la última noche de la fiesta.

Es así como el pueblo de Israel celebra cada año con mucha alegría la recuperación de su independencia, la dedicación del Segundo Templo de Jerusalén y los milagros que su D’os les hizo en aquel tiempo.

Escrito por Deliah Ugalde

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