Crónica: Yo la vi abortar

Crónica: Yo la vi abortar

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Costa Rica presume ser un país que prohibe rotundamente el aborto, sin embargo, abortar puede ser más fácil de lo que usted imagina. Esta es la historia de Sofía, una historia real que nos demuestra esta cruda y polémica realidad.

Escrita por: Andrea Mora Zamora

El sol me pegaba en la frente mientras el olor a tabaco me recordaba que no la había visto.

Se suponía que estaba prohibido fumar en las inmediaciones de la UCR, pero Sofía, como los dos tipos que pasaban junto a mí en el camino de salida del Edificio de Sociales, siempre llegaba con sus tenis y sus libros a prenderse un Malboro blanco afuera de la Asociación de Estudiantes de Estudios Generales y a hablar de los tipos guapos del Consejo Superior Estudiantil y de la fiesta que se pegaría el próximo fin de semana, con aquella energía que contagiaba e intimidaba a la gente, pero que a esa fecha yo llevaba tres semanas sin ver.

aborto4Y ese viernes ni Sofi, ni sus tabacos habían aparecido. Su bolso no reposaba desacomodado sobre los estantes de madera de la asocia y no contestaba el teléfono. Yo tenía hambre y ocupaba almorzar, pero más que eso, lo que me preocupaba es a donde estaría aquella bomba de tiempo que caminaba en Converse azules…

-¿Alguien ha visto a Sofía?- pregunté mientras entraba a la asocia después de la clase de Socio.

-No, vino en la mañana, pero se fue temprano- contestó Nicole, mientras le ayudaba a Johnny a terminar el discurso con el que esa tarde defendería el presupuesto de la asocia, ante una FEUCR que sólo buscaba recortar y recortar.

-¡Qué raro…!- suspiré mientras me sentaba, preocupada, en el enorme sillón de cuerina negra que, además de costar dos millones de colones, la asocia anterior había comprado sin razón aparente, solo porque estaba muy chuzo.

-Mae, Johnny, ¿¿cómo vamos a defender este sillón?? ¡Los progres nos van a reventar por ese gasto!- exclamó Diana, mientras entraba a la asocia con aquellas chancletas que sonaban por todo lado y se alborotaba el pelo para tratar de verse más hippie, a pesar de la camisa de más de 30 mil colones que andaba puesta.- Vamos a tener que convencer gente, Sofi… ¿Sofi?

-No está, Nana- le contesté de manera algo sombría. Ella me volvió a ver pelando los ojos y se quedó casi petrificada en medio de la asocia. Entendió. Ninguna de las dos dijo nada más, no sabíamos qué.

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Para bajarme el nerviosismo, me senté frente a una de las compus de la asocia y la prendí para ver qué pasaba en Facebook. Pero me quedé fría: Sofía no había cerrado su última navegación y el “cómo abortar en Costa Rica” saltó frente a mis ojos para contestarme la pregunta de dónde es que estaba esa güila tonta.

Diana me apretó el hombro como para darnos apoyo moral. Ella también estaba nerviosa. Era una de esas amigas que no me gustaba que mi amiga tuviera, muy vacía y no me había dado buena espina nunca, pero esta vez creía que sí estaba preocupada. ¿Cómo no? Sofía estaba loca y desde que la prueba de sangre dio positivo, mi amiga era otra persona.

Se había vuelto taciturna, andaba preocupada todo el día, salía corriendo de la nada en medio de las clases para vomitar mientras sudaba frío.

A mí me daba miedo. Desde que la tipa de la Oficina de Salud de la U le dijo que empezara a tomar calcio para proteger a aquello que le crecía en el vientre –aún nos reusamos a llamarlo “bebé”-, Sofía había cambiado.

Aquel martes de Semana U, en medio del bullicio molesto de los chivos de la tarima de Ingeniería, Sofía había salido de las instalaciones verdes de la Oficina de Salud y había avanzado con paso firme hasta el parquecito frente a la biblioteca Tinoco, donde la vi hacer un par de llamadas, ante la mirada de Diana y yo que nos preguntábamos cómo demonios podía estar tan tranquila, cuando ni el pseudo padre aquel le contestaba el celular.

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Rodrigo era el hermano del novio de su prima. Una estupidez de una noche en la que a los dos les pareció gracioso no cuidarse, en medio del ciclo de estupideces que Sofía había hecho los últimos dos años, luego de sentirse libre y en capacidad para hacer lo que le diera la gana, cuando entró a la u. Pero ese mes de abril chocó contra pared.

No es que no supiera que tenía que cuidarse, no es que no supiera de métodos anticonceptivos y que no supiera las consecuencias de lo que podría pasar si se acostaba con alguien que acababa de conocer, la educación de su clase media baja en un pueblito alajuelense saciaba ese conocimiento. Pero se sentía estúpidamente invencible.

Esa es la única explicación que, aún hoy, puede darme mientras se golpea el pecho odiándose a sí misma por haberse dejado caer ahí.

-Ok, Rodrigo no contesta, nos había susurrado ese día, con una tranquilidad controlada que me hizo cuestionarme si nos hablaba a nosotras o se hablaba a sí misma- Pero Paula sí apareció y está haciéndome la vuelta.

-¿Qué vuelta?, le había preguntado yo.

-¿Qué vuelta cree usted, Marce?, me había respondido Diana para luego volver a ver a Sofi y hacer la pregunta que las dos teníamos en la cabeza. ¿Está segura?

EmbarazoSí. Lo estaba. No nos lo contestó con palabras, pero sus ojos, en ese momento, nos lo habían dicho todo.

Por eso no me extrañó cuando vi la página abierta y por eso lo único que me corrió por la espalda fue la inminencia de que sucedería.

La asocia se fue vaciando poco a poco y a las 2 de la tarde ya no quedaba nadie en el cubículo. Diana, Johnny, Nicole y los demás se habían ido al Consejo Superior Estudiantil en Económicas. Yo me había comprado un almuerzo para llevar de los de la Soda de Generales y me lo comía con toda la paciencia del mundo, mientras esperaba a que volviera.

-Hola.

Eran cerca de las 2:30 cuando Sofi volvió y se paró en la puerta. Andaba vestida con un jeans, unos zapatos negros y una camisa verde de un kiwi y un ratón que había comprado en Happy Hill la navidad anterior, cuando aún era una niña.

-¿Vio la boda de los duques de Cambridge?, preguntó con toda normalidad.

¡Claro que la había visto! El evento había acaparado la TV toda la mañana. Pero yo no dije nada porque no supe cómo contestarle a esos ojos tan cafés pero tan negros ahora.

Sofi esperó mi respuesta y cuando vio que no pude decirle nada, siguió.

-¿Me presta 10 rojos?

-¿Para qué los ocupa?, pregunté.

Ella me ignoró. Sabía que se los prestaría.

-El tipo de las pastillas llega a las 3 al parqueo de Derecho. ¿Me acompaña? Me da miedo ir sola…cytotec

Lo dijo suavemente, quitándome la mirada y prendiéndose su cigarro. Me dio un escalofrío.

Tenía miedo. Debajo de esa máscara y de los kiwis, Sofía tenía miedo.

A las 2:50 de la tarde le entró la llamada. Yo estaba sentada a la par de ella en aquel sillón y la escuché contestar mientras se comía un rollo de canela y se fumaba el filtro.

-Vamos, me dijo.

Caminamos por el Pretil y por la 24 de Abril casi sin decirnos nada. Sofía se tocaba el vientre y respiraba hondo, supongo que para darse valor. Yo no sabía ni qué hacer, como tampoco supe cuando me avisó que Paula le había conseguido las pastillas en la web.

En aquel tiempo la página se llama Cytotec en Costa Rica, uno mandaba un correo y el tipo lo llamaba en menos de media hora y le llevaba “el servicio” a domicilio. Vendían las pastillas más comunes, esas que aún hoy, la Asociación Demográfica Costarricense sigue aconsejando como las menos invasoras y las más seguras.

Se calcula, según los últimos datos de la Asociación en 2007, que el número de mujeres que usan ese servicio al día, son 8; 8 por 365 días, 2920 mujeres al año… hace 7 años.

Ahora, con la difusión de las denuncias en medios como La Nación y el Infierno en Costa Rica, ni la Colectiva para el Derecho a Decidir ni la Demográfica saben a cuanto aumenta la cifra.

aborto2Pero eso no le parece importar a los partidos cristianos que desde el Congreso dicen que eso no pasa en el país.

Al llegar a Derecho caminamos directo hacia la moto. Eran dos tipos, una chica y un chico que nunca se quitaron el casco para no dejarnos ver sus rostros. Sofía estaba tan asustada que yo casi podía sentir su pulso. La tipa también se percató.

-Tranquila, mi amor, no le va a pasar nada- le dijo, agarrándole el brazo con una mano decorada por unas largas uñas pintadas de verde.

Sofía asintió. 65 mil colones, le dijo el tipo. Ella tenía 7 billetes de diez mil. Todavía recuerdo las 7 caras de Emma Gamboa temblando entre sus manos.

-¿Tiene cambio?, preguntó mi amiga.

-No, contestó él con normalidad, mientras buscaba entre los paquetitos varios que tenía debajo del asiento de la moto- Vaya cambie a la soda, yo la espero… ¿El suyo era el paquete de 4, verdad?

-Sí- contestó ella mientras íbamos a comprar una galleta de 250 colones, con tal de cambiar un billete de 10 mil.

Yo no podía ver sus ojos, pero sabía que la tipa nos estaba viendo desde afuera, mientras él tamborileaba los dedos sobre el volante, un poco impaciente. Recuerdo que pensé que tal vez mi amiga le daba lástima por la forma en la que le había tocado, pero también recuerdo haberme preguntado qué podía llevar a una mujer a llegar a vender ese tipo de “soluciones”.

Abortar en Costa Rica, o producir abortos, tiene de una pena de 1 a 8 años de prisión, pero la Demográfica señaló en un reportaje a Elpaís.cr este año, que ante la imposibilidad de demostrar que fue el Cytotec el que provocó la pérdida, la penalización es casi imposible. Solo queda el estigma social, que se produce sólo si te agarran…

Sofía y yo volvimos al parqueo y esta vez el Tucán se unió a la tembladera de Emma Gamboa. Pagó, el tipo le dio el paquete y ella se dio vuelta dispuesta a irnos. La chica nos detuvo.

-Mi amor, relájese. Revise que todo esté bien, le dijo a Sofi.

Sofi me tomó de las manos y me pidió que abriera el paquete. Estaba fría y pálida.

Yo saqué las grapas del sobrecito café y lo abrí. Adentro había un paquete con 4 pastillas.

-¿Cómo es el uso?, le pregunté a la chica.

-Está en internet, me contestó ella.

descarga

El uso recomendado es tomarse dos pastillas e introducirse vía vaginal las otras dos. Para eso era mejor usar un poco de agua para mojarlas y que pasen más rápido.

Luego la mujer debería quedarse una hora con la piernas levantadas para que las pastillas no se cayeran y luego, como una hora o dos después, empezarían las contracciones que durarían como un mes hasta que todo “el producto” saliera por completo.

No es una técnica recomendable para más de 12 semanas de gestación ni menos de 4; Sofía tenía 2 cuando se dio cuenta de su estado y las dos semanas que tuvo que esperar de más fueron las peores de su vida.

-¿Estamos?, preguntó el tipo subiéndose a la moto de nuevo.

-Estamos, contestó Sofi con la voz seca. Pura vida.

-Suerte, mi amor, le dijo la tipa subiéndose al asiento del bimotor.

Aceleraron y se fueron. Lo único que sabemos de ellos es que responden a un correo con el alias de mikeporras2010 y que aunque ya hay varias denuncias sobre el tema, ahora venden pastillas hasta en Facebook. Nunca sabremos si son los que hacen fila frente a nosotros en el súper o en la parada del bus…

Sofía caminó despacio hasta Económicas. La escuchaba pedir perdón mientras se aferraba a su vientre y aseguraba que la próxima vez, si es que la habría, sería la mejor madre del mundo. Pero no lloraba. Estaba completamente segura de lo que iba a hacer.

Aún lo está.

embarazo

Entramos al Consejo Superior Estudiantil y Luisa y Chus estaban idos en discutir si la FEUCR había gastado bien o mal la plata de Semana U. Su discusión me pareció estúpida. ¿Cómo alguien podría cuestionarse nimiedades como las de un movimiento estudiantil, mientras había gente que pasaba por eso? Recuerdo que se lo comenté a Sofi y ella asintió como por inercia porque estaba ida en sus pensamientos. A ella no le importaban esas nimiedades.

-Mae ¿está bien?- le preguntó Johnny. Diana estaba sentada a la par de él y no podía ni volvernos a ver. Yo me pregunté qué hubiera hecho yo si la que estaba junto a mí no fuera mi mejor amiga y entendí esa reacción.

Sofía ignoró la pregunta e hizo otra.

-Mae, ¿me regala su botella de agua? John asintió y se la pasó.

Sofi se levantó y se marchó al baño de Económicas. Antes de que se fuera le pregunté que si quería que la acompañara, pero ella dijo que no.

Volvió 15 minutos después con los ojos llorosos y un conato de sonrisa nerviosa en las comisuras de la boca.

Embarazo-no-deseado

Pasó la siguiente media hora con las piernas arriba para que las pastillas no se cayeran de su vulva y como una hora después empezó a quejarse de los primeros dolores uterinos que la acompañarían las próximas 5 semanas.

Casi podía sentir la euforia en su voz cuando me hablaba. Era como si por fin se sintiera libre a pesar de la mirada acusadora de asesinato de Diana que caía sobre su nuca, como a lo largo de los estos años caerían muchas otras cada vez que defendiera el tema en redes sociales, en aulas universitarias, en conversaciones con amigos y familiares, en foros políticos y en muchos otros espacios.

aborto1Pero a ella no le importa, como no le importan las 8 mujeres que arriesgan al día su vida por el tema, a aquellos que les sacan las biblias y las crucifican.

En Costa Rica abortar está a solo un click de distancia y si querés decidir sobre tu cuerpo, podés hacerlo con solo googlearlo, así que la opinión de los otros estaba de más.

También lo está hoy en día, cuando con un café Sofi me comenta que la gente no entiende por qué es tan dura con las nimiedades del mundo.

-Pero bueno, no todos entienden que a quien ya ha visto al diablo no cualquier demonio lo quema- me asegura hoy mientras se pide un pie de limón. Mañana volverá a Nueva York al último semestre de su maestría.

Está feliz. Puede que a la gente no le parezca que lo esté, pero a mí sí porque ellos no lo vieron y yo sí.

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