Juegos tradicionales que nunca pasarán de moda

Juegos tradicionales que nunca pasarán de moda

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canicas

Dicen que recordar es volver a vivir. El Día del Niño despierta un sentimiento de melancolía en nuestra mente, al recordar todas aquellas travesuras y vivencias de nuestra infancia.

Todos tenemos un recuerdo de juegos particulares, que hacían que las horas se multiplicaran, como “rayuela”, “escondido”, “la anda” o brincar la suiza. Sin embargo, quisimos viajar en el tiempo y descubrir otras maneras de divertirse bastante curiosas.

Aquellos juegos que no tenían reglas, que se organizaban con los primos o los amigos del barrio, que se heredaban de generación en generación y que representan recuerdos felices para muchos.

Aquí, tenemos la lista de ellos y de qué se trataban:

¡A deslizarse! 

cafe

Para quienes iban a coger café, había doble premio. Primero los cincos que se ganaban por cada cesto y luego usar los sacos para deslizarse por las cuestas. Luego de un día cansado bajo el sol, lo mejor era botar energía resbalándose por el zacate o la tierra, para ver quien llegaba primero a la meta.

¡Adrenalina al máximo!

Conseguir un buen pedazo de madera, preferiblemente liso, de una construcción era la oportunidad para crear su propia patineta. Luego se iba a la ferretería a conseguir los roles, unas ruedas metálicas bastante resistentes, y asegurarse de clavarlos con fuerza. Finalmente, con un mecate se amarraba las ruedas laterales delanteras, para darle dirección a la patineta, ya fuera para la izquierda o la derecha.

patineta de madera

¡Hora del Cuento!

Momento de hacer volar la imaginación con cuentos narrados que venían en discos de acetato. La reunión era alrededor del tocadiscos de las salas y todos se sentaban con atención a oír las historias. Algunas de las más famosas: “El Gato con Botas”, “El Soldadito de Plomo”, “La Cenicienta” y “Caperucita Roja”.

Caperucita

¡A capturarlas!

Ir a perseguir lagartijas era toda una aventura. Primero, porque representaba todo un reto capturarlas, por lo veloces y escurridizas que son. Luego, al capturarlas, a más de uno se le escapaba la suya, y tenía que volver a perseguirla. El ganador era quien capturaba la mayor cantidad, y lo bueno es que terminado el reto, todas volvían a su hábitat natural.

capturar-lagartijas

¡Ahí va la flecha!

El ingenio era el promotor para crear flechas tira-piedras. Primero, había que buscar ramas de café bien fuertes, ojalá en forma de “v” para hacer la estructura de la flecha. Luego, pasar a la ferretería para comprar ligas y ajustar todo el armazón. Finalmente, en la punta se le colocaba un cuero, que éste era la catapulta para tirar las piedras. Era un juego dominado por los hombres, y los traviesos se tiraban piedras entre ellos o inclusive a los pájaros.

flechas

¡Guerra de Semillas!

En los lotes baldíos y en los campos, era común encontrarse higuerillas, una planta que crece hasta 15 metros de altura y cuyas semillas son semejantes a pequeñas bolas. Estas semillas son relativamente suaves, sin embargo algunas pueden tener espiñas. Era un juego común entre los hombres, quienes hacían equipos para hacer una guerra de higuerillas, más de uno a veces salía con un pequeño moretón.

higuerilla

¡Los míos son los más bonitos!

Comprar y coleccionar los famosos cromos era un pasatiempo de las niñas. Cada pliego de cromos costaba ‎₡8,50. Las niñas se reunían en sus casas y empezaba el juego. Se colocaban cromos en la mesa, y cada una tenía su turno para darle vuelta con la palma de la mano. Si lo lograba, se lo ganaba para su colección.

cromos

¡Upe, upe!

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Luego de hacer las tareas, era hora de reunirse con los amigos del barrio. Un vecino que molestar era la excusa para pasar por las casas tocando el tiempre varias veces, y cuando abría hay que había salir en carreras. Recuperar fuerzas y encontrar una nueva cuadra para seguir tocando timbres.

 

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